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Rolle+April+2008+027

Desde que supe que mi viaje por la selección de los festivales se iba a extender gracias a la invitación de Gudula y otros amigos, y que iba a estar parando en la Suiza Romande, decidí buscar datos para llegar a encontrarlo.

Rolle estaría cerca.

En Amsterdam, encontré a un querido amigo que me dió una conexión para averiguar la dirección. Aunque sólo obtuve una aproximación, era muy valioso para mí, hasta suficiente, hace tiempo que siento que todo se trata de aproximaciones sucesivas.

Me preparé de ánimo, moneda y mochila, Alhassane me vió al salir para la gare, y me dijo en francés africaine que parecía un guerrier prèparè puor le bataille...!

Un día especialmente soleado y frío, desde la ventana del tren ví los viñedos y las montañas nevadas ya llegando a Rolle.

Bajé, busqué un lugar para empezar a preguntar, compré cigarrillos para abrir diálogo con un señor de una estación de servicio, primera pista, luego un taxista estacionado, segunda más precisa.

En este país pequeño, las ciudades con colinas suaves entre los alpes, encierran barrios enroscados, con callecitas que dan vueltas entre los buttes, con puertas de jardín de acceso a residencias múltiples, poca gente en la calle. Caminé y caminé con mi mochila cargada y mi sombrero, cada vez que sacaba la cámara alguien me miraba con atención.

El dato estaba parcialmente correcto, o sea parcialmente errado, creí estar cerca varias veces, pero…

Me mandé por un barrio interior y salí atrás de un pequeño cementerio, di toda la vuelta manzana y adelante había una pequeña iglesia gótica, abajo la calle supuesta.

Me metí en el único lugar que no era casa cerrada, una ludoteca, nadie…

Al rato salió una mujer grande, vestida un poco hippie con el cabello largo teñido de rojo, ojos azules. Me contó que ella era chilena pero hacía más de treinta años que vivía en suiza y ya no le salía el castellano, y que su hijo era actor por si me interesaba a mí o a él para alguna película, me acompañó a una posible casa, golpeó pero nadie salió. Me dijo que se llamaba Love. sí.

Seguí buscando a tientas aunque con sol. Me mandé por un parking, detrás de varios coches una entrada a un vivero. Se me puso la piel de gallina, el frío me salió de adentro, como hipnotizado abrí la puertita y me metí sintiendo que mis pasos se escuchaban demasiado porque el piso era de piedritas, entre una línea de porta maceteros con techitos acanalados!!. sí, saqué la cámara casi sin aliento y encuadré desde el oblicuo del extremo rogando que no saliera nadie ahora.

Vivero NMusique

Miré y aunque por el invierno estaba algo desmontado, me sentí totalmente seguro que ahí se había filmado la última escena de Notre musique, el maravilloso gag donde se golpea la cabeza contra la chapa. Me dí vuelta y golpeé irresponsablemente en las dos puertas que daban a ese patio interior,

Nadie respondió, grité suavemente: Monsieur Jean Luc!…nadie respondió

Salí pisando suavemente, el cartelito adelante del vivero decía el nombre del propietario. Volví a la calle excitado, miré la hora preocupado, a las 5 oscurece irremediablemente y todo se cierra aún más.

Golpeé en las puertas del frente de las dos casas, nadie salió.

Volví a caminar las 3 cuadras, salió Love de la ludoteca y me dijo que su compañero de trabajo creía que JL se había mudado hacía un tiempo. Me salió quel damage…

Oui, damage respondió Love y se fué.

Volví al frente del vivero, salía un joven rubio, le pregunté, miró para el parking y me dijo naturalmente que no estaba, saludó atentamente y se fue sin más.

Volví a rodear el lugar, bajé escaleras entre las casas a una calle paralela, estaba cansado y con frío, ví un bar Cardinal du nord, enfrente un kebab, volví a elegir la barata comida turca.

Comí algo, tomé un vaso de vino, fuí al baño y volví a subir, enfrente de la casa supuesta había estacionado un coche con dos señoras. Me acerco rápido a preguntar por la ventanilla, blandiendo mi papelito inexacto. La más joven al volante me responde que para qué buscaba yo al Monsieur. Mi explicación no le convenció, o no pudo entenderla, y en arrebato controlado empezó a vociferar Suiza es un país tranquilo, nadie tiene derecho a molestar, y el Sr. Jean Luc es un Sr. grande que quiere vivir en tranquilidad, y que yo ni siquiera tenía la dirección precisa!!

La madre al lado le dice suavemente que se tranquilice. yo insisto aclarando que tan lejos estoy de molestar como de mi país y vine para…, la hija al volante enciende el motor y acentúa su desagrado, repite que no se molesta a la gente en este país, la madre se da vuelta junto a mí, me mira y señala la casa del frente, C’est lá… la otra grita: Mamán!!!  Merci Madame le dije mirándola a los ojos. El auto partió y yo crucé decidido a la casa supuesta con un bow  vidriado paranieve en la puerta, golpeé y golpeé. nada. Por la puerta de al lado, la del vivero salió un sr. Alto de barba y gesto amable, demandé, miró al parking, y me dijo con una sonrisa también amable que no estaba. Pero Ud vive aquí, lo conoce? Oui je suis le proprietaire. bonjour.

Bon.

Seguí dando vueltas para no quedar como un paparazzi molesto en la calle vacía. ya la noche caía sobre el sol pálido, estaba jodido. Desde la esquina saqué un par de fotos apuradas de recuerdo, entra en cuadro un auto  y estaciona al frente de la casa. guardo la cámara y me acerco casi corriendo. Se baja un hombre de lentes mirándome con enojo. Y qué me dice: Monsieur! Suiza es un país tranquilo, no hay que molestar a la gente!!.

en Rolle

Le explico mi motivación y me dice que habla español, y habla muy bien en verdad. Cambia totalmente su actitud, me empieza a contar y me lleva hasta el parking, no , el auto no está, así que no ha vuelto. Que tiene un opel negro pequeño, que odia los autos, que sale por la mañana temprano, que a veces no vuelve. Me invita a tomar algo en un bar que Jean Luc frecuenta: el Cardinal du Nord. Bajamos las escaleras entre las casas. Jaime, pidió una jarra de vino y preguntó a la dueña, que le dijo que hace tiempo que venía poco por ahí, a veces a desayunar, y que a veces lo veía en el Churchill. Mientras nos sentamos Jaime dice que Rolle está lleno de barcitos escondidos, me contó que es francés, que mejoró su español viviendo en Bolivia tres años, haciendo su tesis de economía como trabajo para el servicio nacional militar. Trabaja en una empresa de Geneve, viaja todos los días, que ahora había venía de probar la pista arriba, porque siempre lleva su equipo de esquí, y esta noche nieva aseguró. Hablamos de la economía boliviana, de los gobiernos de García Mezza, de Siles Suazo, y de Evo. le pregunté si creía que Evo iba a abrir el salar de Uyuni para extraer la mayor reserva de litio del planeta. Me dijo que entendía mi preocupación, aunque el creía que quizá no abriera el salar, porque está negociando con naciones unidas que le pague millones porque también es reserva natural. dijo sonriendo, los tiempos cambian, los países se adaptan.

Me contó que Jean Luc vive solo y no recibe a nadie, que sus hijos jugaban un día al futbol en la calle y encontraron un erizo, lo envolvieron y justo salió JL y le pidieron que tuviera el erizo mientras ellos terminaban de jugar. y nunca olvidan que JL les dijo lo que le dice a todo el mundo: NO, No. y además es mejor que lo vuelvan a la nature…

Jaime sonreía tiernamente e insistía, mis hijos nunca olvidan aquello del erizo, así es Jean Luc. Invitó el vino y me acompañó rápido. No había opel en el parking. me dió la mano sonriente, me dijo que mañana seguro nevaría y ya abrirían las pistas de esquí. Au revoir et bonne chance

Ya era noche, baje directo al Churchill, no estaba allí, pedí un Four Roses, leí algo del diario, y me fui para irme.

Subí por el mismo lugar por las dudas, crucé y me asomé el parking, estaba el opel chico, negro, me metí y ví que estaba todo rayado de los dos costados.

Fuí a la casa y se veía algo de luz, como de una lámpara y un tv. Golpeé la puerta del bow, me acordé que Jaime me dijo que no golpeara ahí porque no se escuchaba nada. Me acordé de todos los datos previos, no usa mail, no tiene timbre, no responde al teléfono y no tiene contestador, no da entrevistas, la casa no tiene número. pero sí tenía, aunque no coincidía con los datos, tampoco el color de la casa, ni la calle.

Fuí a la ventana de la cocina y golpeé el vidrio. en la oscuridad, se abrió la puerta blanca del frente, salió Godard con un habano en la mano y los pelos parados y la barba crecida y una cara de extrañado como diciendo quién carajo golpea a esta hora, me presenté. me saqué el sombrero para saludarlo, le expliqué el motivo de mi visita no anunciada. Me dijo que lo disculpara pero no estaba free, but busy. insistí con que venía de Argentina para hablar con él, que había estudiado cine con sus películas y sus libros, blá blá. me escuchó atentamente y me dijo:

Mercí, Mercí, me … vous avez vu, les films son important, pas las personnes…

Cambió el habano de mano, mantuvo el gesto extrañado escuchando paciente mi réplica, nos dimos la mano bien, mirándonos bien.

Me fuí exaltado, contento, contrariado, repitiendo Monsieur Jean Luc je voudrié filmé avec vous y las posibles respuestas todas negativas, por cuadras semioscuras. De noche Rolle parecía otro pueblo, me perdí sin darme cuenta y encontré el andén subiendo por un caminito entre piedras sobre un puente.

Hacía muchísimo frío, el tren llegó a horario seguramente, la luna estaba plena.

Por Rubén Plataneo

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le-mepris

Lost in translation

La donna e mobile, y lo demás no importa. Capri es un bellisimo e inútil paisaje que pone el marco a la reunión de un productor (norteamericano), con un director (alemán) y un escritor (francés) para embarcarse en la realización de una nueva versión de La odisea, pero la odisea es entenderse. Que en esa ficción el director sea Fritz Lang, haciendo de sí mismo, no es un dato menor, y que la mujer del escritor sea Brigitte Bardot, tampoco. Mitos hablando de mitos en un juego de espejos cargado de simetrías y puntos de fuga.

Alle Anderen. El siempre desmedido Jack Palance es un productor que llegó de Hollywood para llevarse el mundo por delante, que entiende cuál es la diferencia entre Grecia y Roma, pero no le importa. Por lo menos sabe lo que quiere. Michel Piccoli es el escritor que lo mira con desdén, desde su aparente superioridad intelectual, pero que se viste como sus americanos héroes. El diálogo de sordos no se produce tanto entre un norteamericano y un francés sino entre Lo Norteamericano y Lo Francés. Necesitan una traductora para entenderse, pero ni así. Cada cual atiende su juego.

Belle de Jour. Y su juego es despertar y sostener el volátil  interés de una mujer. Lo demás, la Odisea, Fritz Lang, la cultura occidental entera, se circunscribe a ese conflicto elemental. Solamente ella, nube sin rumbo ni destino, con la ternura del adiós. Homero deviene en Homero Manzi.  Bardot es diosa y es mito, y oscuro objeto de deseo, ese mítico culo ocupa la centralidad del relato.

Mais pra que, pra que tanto céu, pra que tanto mar. Detrás de cámara, un Godard que esta vez no tensa al máximo lo explícito de la puesta en escena, que se repliega (a su manera) ante lo ambicioso de la propuesta y los nombres en juego. Y filma en Cinemascope, un formato de moda en aquel momento al que el propio Lang define con sorna como sólo apto para  mostrar funerales y serpientes. Nada más inapropiado (en principio) para abordar un drama intimista. Pero Godard es Godard y reinventa el cine en cada película. Y aquí aprovecha para jugar con los bordes de cada plano y siempre encuentra nuevas posibilidades expresivas. Si la  hubiera filmado ahora seguramente lo hubiera hecho en 3D.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

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El cine en el cine

Todo lenguaje tiene la posibilidad de la auto-referencia. Como un hombre que tiene en su mano un dedo curvo: intenta señalar los objetos del mundo, pero se termina por señalar a sí mismo. El lenguaje audiovisual del cine no es una excepción. Desde un comienzo, un realizador de cine debe saber que las reglas de un lenguaje específico se interponen siempre entre su intención de representar y el objeto representado. En otras palabras, entre el autor y el mundo se interpone el lenguaje cinematográfico (muchas veces, como herramienta; otras veces, como obstáculo). Incluso es posible que ese realizador nunca pueda atravesar el medio del lenguaje y se quede atrapado en él. El lenguaje del cine puede convertirse entonces en un mundo autónomo de referencias, donde únicamente importan sus propios acontecimientos y leyes: la iluminación, la edición, el montaje, la fotografía, las cámaras, el sonido, la dirección de actores, etc. Los actores, guionistas, directores y productores son curiosos animales que viven allí en cautiverio. El presente ciclo muestra la experiencia de realizadores que se encuentran atrapados en el lenguaje del cine, pero lo saben perfectamente. En lugar de quedar sujetos inconscientemente a las imposiciones del mundo autónomo de la producción cinematográfica, cada uno de ellos reflexiona explícitamente sobre estas imposiciones (técnicas, económicas, sociales, discursivas, etc.). En este ejercicio de reflexión, el cine se observa a sí mismo en una imagen implacable y sin mentiras piadosas, como la imagen que devuelve el espejo. Únicamente en el marco de este proceso reflexivo, puede comprenderse la brillante metáfora del film El Desprecio de Jean-Luc Godard: un director de cine (Fritz Lang) se interpreta a sí mismo.

Una narrativa en suspenso, que nunca llega a la historia como fin en sí mismo y se desvía por los senderos de la auto-reflexión.

(texto de presentación del ciclo creado por Luciano Corsico y Martín Ortiz)