Category: Estreno en DVD / Blu Ray


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La isla de la distopía

Hay gente demasiado empeñada en repetir los errores del pasado. Lo que falló catastróficamente en los años 90 puede volver a fallar hoy. Un proyecto consolidado a fuerza de criterio y voluntad se ve seriamente amenazado por la especulación de unos pocos que priorizan el beneficio económico antes que el bienestar de la mayoría.

La referencia por supuesto tiene que ver con el Parque Jurásico, que a pesar de todo lo acontecido hace 22 años vuelve a instalarse en la Isla Nublar, allí donde el magnate John Hammond diseñó lo que creyó que era el sueño cumplido de cualquier chico, sueño que pronto se transformó en pesadilla.

Tras aquel fracaso el proyecto fue retomado, los avances tecnológicos forjaron un complejo turístico tan espectacular como confiable, pero los inversores, en lugar de disfrutar lo logrado, no han tenido mejor idea que desarrollar una nueva especie de dinosaurio, mucho más inteligente, grande y letal. Como no podía ser de otra manera, el experimento sale muy mal. De no ser así, no habría película.

El espectáculo está servido, con ecos del viejo Hollywood. Todos los intérpretes acompañan con justeza en el rol que les cabe, y cada escena está resuelta con indudable pericia. A diferencia de los responsables del parque, los productores de la película si saben montar un gran espectáculo sin tomar riesgos innnecesarios.

El resultado es satisfactorio, a pesar de que la premisa que hace avanzar la trama es en extremo absurda. A veces la realidad puede superar a la ficción y las premisas absurdas son las que triunfan, y hasta las mejores cosas pueden desaparecer.

Por Fernando Herrera

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La vida de los otros

Rafa es andaluz, muy andaluz. Amaia es vasca, en extremo. Rafa vive en el sur, en Sevilla y Amaia en en el norte, en Argoitia (locación ficticia, que representa una summa de todo lo vasco). El escenario es una colección de lugares poco comunes.

Rafa y Amaia no se llevan nada bien, son opuestos que se atraen sin saber bien porqué. Por una serie de forzados enredos deben convivir unos días y aparentar ser una pareja a punto de casarse. Rafa tiene que hacerse pasar por vasco para congraciarse con el padre de Amaia. La trama es una colección de lugares comunes.

Con esos elementos, simples pero efectivos, se ha gestado la película española más taquillera de toda la historia (nada menos que 10 millones de espectadores). El fenómeno, a pesar de su acentuado localismo, cruza fronteras. En Argentina también ha sido un éxito. Habría que ver si una película sobre un cordobés que debe esconder su acento y hacerse pasar por santiagueño podría tener algún resultado fuera del país.  Más allá de lo específico de las referencias, y de la fórmula probada, queda una película eficaz y disfrutable, que respira y se vuelve entrañable de la mano de sus intérpretes.

Por Fernando Herrera

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No todo está escrito

Marc Lawrence es un eficaz creador de comedias románticas que nunca escapan del todo a la fórmula, ni lo intentan. Hugh Grant, eternamente atribulado, es el vehículo ideal para llevar adelante las propuestas de Lawrence. Y Marisa Tomei es perfecta para todo lo que se proponga. La combinación da un producto que no puede fallar, y no falla. Exigir más es no estar dispuesto a jugar con las reglas del género.

Keith Michaels (Grant) tuvo su momento de gloria cuando gestó un guión perfecto para una película inolvidable, pero quince años después acumula fracasos personales y profesionales a la sombra de lo que alguna vez fue. Ya no puede ni pagar las cuentas y debe aceptar un empleo que le resulta indigno, ser docente en una universidad remota. Su irresponsable plan de trabajar en piloto automático se desvanece cuando empieza a involucrarse de manera genuina con su tarea y sus alumnos. La redención está servida.

No hay alerta de spoiler que valga cuando el determinismo del género hace que uno disfrute igual aunque se advierta claramente el final. Lo que importa, lo que no está escrito, es el cómo. Es en ese espacio reducido en donde Lawrence se siente más cómodo.

Por Fernando Herrera

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Costumbres argentinas

El Patón Bonassiolle es el volante central de Talleres de Remedios de Escalada. Es también el capitán y el emblema del equipo. Adrián Biniez, encara su historia con solvencia, retratando con amabilidad el juego brusco del Patón, reflejando con lirismo su rusticidad.

El director ya había tenido un debut Gigante y ahora opta otra vez por una historia mínima. La de un jugador con empeño pero sin demasiadas luces que está a punto de retirarse. Pero en el medio (y el medio es el motor de esta propuesta) hay otra historia, la de la relación del Patón con su mujer, que es la que genera los mejores momentos de la película.

Más allá de que los protagonistas, Esteban Lamothe y Julieta Zylberberg, sean pareja en la vida real, hay una química y una verosimilitud que saben trasladar a sus personajes, volviéndolos creíbles y queribles. Como en cualquier sacrificado equipo de ascenso, los personajes secundarios acompañan y ayudan sin desentonar. Mención especial para Néstor Guzzini, el actor de Tanta agua compone a una especie de Caruso Lombardi en desgracia.

Con El 5 de Talleres Biniez demuestra habilidad para amagar al costumbrismo, a la comedia y al drama y resolver por su cuenta, sin hacer una de más. Cultiva el medio tono sin remedios ni escaladas.

Por Fernando Herrera

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El último maestro del aire

La premisa en sí ya resulta atípica para lo que el público puede esperar habitualmente del escaso animé que nos llega. Se levanta el viento es un drama biográfico, que se mete con la vida de Jiro Horikoyi, el ingeniero aeronáutico responsable del diseño de los aviones japoneses de la segunda guerra mundial. Coordenadas muy precisas, y fantasía relegada a segundo plano. Los sueños (y las pesadillas) hechos realidad. Las películas de Hayao Miyazaki jamás fueron infantiles, pero pocas veces, como en este caso, los chicos quedarán afuera de la propuesta, por lo menos como principales destinatarios.

Hay algo que sigue muy vigente en el venerable director japonés, su maestría inigualable para combinar crueldad y belleza, presentes en la naturaleza y, sobre todo, en la naturaleza humana. Los sueños nos llevan lejos, y la voluntad también, pero muchas veces a un precio demasiado alto. La mirada de Miyazaki se hace cargo de esa ambiguedad y nunca es condescendiente, ni con el personaje retratado ni con el espectador. Magia desencantada, pero persistente. “Se levanta el viento, debemos intentar vivir”, dice Paul Valery en la frase que da título a la película.

A Miyazaki se le podrá cuestionar su reescritura de la historia, o el dramatismo excesivo de algunos pasajes, pero nunca su capacidad para generar imágenes inigualables, de una belleza extraordinaria. Su cruda poesía con momentos de alto vuelto.

Por Fernando Herrera

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Once again

Tocala de nuevo, John. Carney repite la fórmula de Once (2006), hermosa película sobre un músico callejero. Es inevitable entonces comparar ambos films. Lo que gana en su nuevo trabajo con la solidez de sus intérpretes lo pierde en frescura y, sobre todo, en música. Habrá que decir entonces que algo de la honestidad de Once se perdió en la calle, y no es un dato menor teniendo en cuenta que la autenticidad y la fidelidad a uno mismo son los temas que más le preocupan al director irlandés.

Un productor con un pasado exitoso y un presente caótico (el gran Mark Ruffalo) cree encontrar un diamante en bruto en Gretta (Keira Knigthley, dejando de lado la habitual dama de época), una cantante inglesa abandonada por su novio (Adam Levine, parodiándose a sí mismo) justo en el momento en que este empieza a triunfar en la industria. Es entonces cuando la película se disfraza de comedia romántica, pero por suerte se queda en amagues y resulta divertida sin ser cómica, mientras sobrevuela el amor en todas sus formas sin forzar situaciones. As time goes by, es el comienzo de una bella amistad.

Hay cierta inocencia de cuento de hadas en esa unión de perdedores hermosos, y la mayoría de las canciones no son todo lo geniales que deberían ser, pero aún así funciona.

Párrafo aparte para la pregunta del título, pregunta que sólo se hace el traductor, ya que el director había optado por una frase mucho más simple. Y corta.

Yo creo que puede.

Por Fernando Herrera

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Broadway?s Lilla Crawford stars as Little Red Riding Hood in ?Into the Woods,? a modern twist on beloved fairy tales. Based on the Tony?-winning musical and directed by Rob Marshall, the film hits theaters nationwide Dec. 25, 2014. Photo by: Peter Mountain. ? 2014 Disney Enterprises, Inc. All Rights Reserved..

Fábulas salvajes

Más parecida a la obra de Tim Burton (esos árboles retorcidos, esas tramas retorcidas) que los últimos trabajos del propio Burton, En el Bosque sorprende por su estructura, con una segunda parte que saludablemente traiciona a la primera, y que probablemente respete al oscuro y exitoso musical de Broadway que le da origen. Viniendo de Disney, resulta toda una curiosidad.

La premisa es más que interesante, explorar el más allá del final feliz, ver que pasa una vez que todas las perdices fueron comidas. Para ello se mantiene un engañoso clasicismo en la primera mitad, una ensalada a la Grimm que revuelve las historias de La Cenicienta, Las Habichuelas Mágicas, Rapunzel y Caperucita Roja. Lo hace con cierto criterio, amparándose en el revisionismo postmoderno de la obra teatral de james Lapine (que nunca fue pensada para niños) y el probado oficio de los intérpretes, empezando por Meryl Streep como la bruja que termina uniendo todas las historias y Johnny Depp como un incómodo lobo que exacerba su costado pedófilo. Aún así, para cualquier espectador que no sea amante del género, la excesiva duración puede volver la experiencia tortuosa.

Pero una vez que todo se resuelve con cierta facilidad empieza lo mejor. Como si de tratara de una película de Miguel Gomes (Aquel querido mes de Agosto, Tabú, La cara que mereces) la segunda parte pone en perspectiva a la primera y el blanco o negro se vuelve gris, y los deseos cumplidos pueden causar problemas gigantes. Pero claro, Rob Marshall no es Gomes y a veces el árbol no le deja ver el bosque, su estilo clipero está en las antípodas de lo que propone habitualmente el extraordinario director portugués.

En la oscuridad del bosque nunca queda claro a que público está dirigida la historia y las partes no terminan de integrarse del todo, en una película que crece cuando abandona el homenaje y decide irse por las ramas.

Por Fernando Herrera

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Matrimonio y algo más

Escenas de la vida conyugal (y extraconyugal), cónyuges encerrados en sus miserias y yugulares abiertas para que la sangre brote. Todo eso propone la nueva y saludablemente perversa película de David Fincher, que venía licuando la potencia de sus primeros films con una serie de trabajos anodinos y que ahora se recupera invocando el espíritu de Hitchcock. Por lo menos lo intenta.

Basada en la exitosa novela de Gilliam Flynn, la trama gira en torno a la desaparición de Amy (Rosamund Pike, candidata al Oscar por este trabajo), y de la desesperación de su esposo Nick (Ben Affleck) por encontrarla y, de paso, alejar las sospechas que que se acumulan sobre su culpabilidad. La historia va y viene en el tiempo y cambia puntos de vista para que la aparente pareja ideal deje ver las grietas en su vida de cazados.

Hay un enigma policial plagado de vueltas de tuerca, hay humor y una serie de dardos filosos a la manipulación de los medios, y hay una cada vez más inusual intención de hacer cine para adultos y no para adolescentes. Más allá de los enredos y las miserias, sobrevuela la curiosidad por retratar las flaquezas de la institución matrimonial. El inextinguible dilema de vivir solos o permanecer juntos hasta que la suerte nos repare.

Por Fernando Herrera

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Por un puñado de dólares

Los directores Juan Carlos Maneglia y Tana Schembori han encontrado en el Mercado 4 de Asunción un set ideal para desarrollar su muy eficaz trabajo. También encuentran, casi por primera vez para el cine paraguayo, un mercado internacional que lo celebra, y más allá del consenso favorable y de cierto paternalismo que destaca la película por su procedencia, la historia logra imponerse por méritos propios.

Méritos que también tienen que ver con otro hallazgo, el de los vehículos apropiados para llevar adelante una trama que tiene más ritmo que sorpresa. Las interpretaciones son notables, desde el protagonista (Celso Franco como el ingenuo e incansable Víctor) hasta los secundarios.

Sólo se puede objetar algún subrayado innecesario en la extrema fascinación de Víctor por los celulares y las cámaras (algo que sería un poco más verosímil una década atrás), lo que resiente, por explícito, el elogiado final. Pero más allá de lo apuntado persiste una puesta en escena consistente y el vértigo de una trama en la que todo encaja.

Por Fernando Herrera

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Cable a Tierra

Gravedad, de Alfonso Cuarón, tiene un peso muy específico que la convierte en la mejor película industrial del año. Un prodigio de la técnica al servicio del cine más clásico, y una experiencia visual y sonora deslumbrante, en donde hasta el habitualmente insulso y efectista 3D está justificado. El director mexicano ha sabido crear una película excepcional en más de un sentido combinando lo espectacular con lo tangible. Sus coreografías de cámara sostienen un relato equilibrado que solo desentona ocasionalmente con los excesos de una música omnipresente.

La historia es mínima, dos personajes obligados a desplazarse de un punto A a un punto B, pero esa trayectoria condensa todas las trayectorias, incluyendo las de Sandra Bullock y George Clooney, estrellas que interpretan sus papeles en segundo plano. Una suerte de Aleph en donde lo mínimo encierra lo máximo, donde lo finito convive con lo infinito. La escala es muy importante, como también lo son los tiempos. Pasan pocas cosas, porque los tiempos son los del espacio, pero en cada una de esas pocas cosas la vida está en juego. Y para que esto sea palpable Cuarón se vale, como en Niños del Hombre (2006) de un recurso que maneja como pocos, el plano secuencia. La película se inicia con uno de unos 13 minutos que describe a la perfección lo bellamente hostil del ambiente de trabajo de dos astronautas, y es sin dudas antológico. Un accidente los transforma en náufragos del vacío (externo e interno), y deberán afrontarlo sin caer en la desesperación, con alguna dosis de fe pero sobre todo con voluntad, volviendo a lo elemental si quieren mantener los pies en la tierra. Porque hay otros mundos pero están en éste.

Por Fernando Herrera

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