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El cine en el cine

Todo lenguaje tiene la posibilidad de la auto-referencia. Como un hombre que tiene en su mano un dedo curvo: intenta señalar los objetos del mundo, pero se termina por señalar a sí mismo. El lenguaje audiovisual del cine no es una excepción. Desde un comienzo, un realizador de cine debe saber que las reglas de un lenguaje específico se interponen siempre entre su intención de representar y el objeto representado. En otras palabras, entre el autor y el mundo se interpone el lenguaje cinematográfico (muchas veces, como herramienta; otras veces, como obstáculo). Incluso es posible que ese realizador nunca pueda atravesar el medio del lenguaje y se quede atrapado en él. El lenguaje del cine puede convertirse entonces en un mundo autónomo de referencias, donde únicamente importan sus propios acontecimientos y leyes: la iluminación, la edición, el montaje, la fotografía, las cámaras, el sonido, la dirección de actores, etc. Los actores, guionistas, directores y productores son curiosos animales que viven allí en cautiverio. El presente ciclo muestra la experiencia de realizadores que se encuentran atrapados en el lenguaje del cine, pero lo saben perfectamente. En lugar de quedar sujetos inconscientemente a las imposiciones del mundo autónomo de la producción cinematográfica, cada uno de ellos reflexiona explícitamente sobre estas imposiciones (técnicas, económicas, sociales, discursivas, etc.). En este ejercicio de reflexión, el cine se observa a sí mismo en una imagen implacable y sin mentiras piadosas, como la imagen que devuelve el espejo. Únicamente en el marco de este proceso reflexivo, puede comprenderse la brillante metáfora del film El Desprecio de Jean-Luc Godard: un director de cine (Fritz Lang) se interpreta a sí mismo.

Una narrativa en suspenso, que nunca llega a la historia como fin en sí mismo y se desvía por los senderos de la auto-reflexión.

(texto de presentación del ciclo creado por Luciano Corsico y Martín Ortiz)

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