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El BAFICI en Rosario

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El BAFICI (Festival de Cine Independiente de Buenos Aires) tuvo en abril pasado su 17ª- edición con más de 300 mil espectadores , el reconocimiento de ser el principal Festival de Cine de América Latina, y uno de los más destacados del mundo. A pesar de los vaivenes políticos y económicos, se ha logrado mantener este valioso puente con la cinematografía mundial y de lanzamiento del cine argentino contemporáneo. Quizás porque también se sostuvo el perfil marcado desde sus inicios: un Festival fundado y dirigido por cineastas y críticos cinéfilos.

Y es la 13er. Muestra del BAFICI en Rosario. Se realizará del jueves 13 al domingo 16 de agosto en la sala de Cine El Cairo, organizada por Calanda Producciones, un grupo de cineastas y cinéfilos locales.

Habrá films nacionales, varios de ellos presentados por sus directores, y también títulos internacionales premiados. Películas que difícilmente se estrenarán en los cines de la ciudad, como pasa con la gran mayoría de la producción de nuevo cine mundial que no llega a los potenciales espectadores. Éste es un nuevo intento por mantener al público rosarino conectado a lo más novedoso del cine contemporáneo.

Además de las películas y los directores invitados, se proyectarán unos exquisitos cortometrajes previos a las funciones principales, y el día Viernes a las 18 h se realizará un dinámico Taller de Guión y Desarrollo de Proyectos (gratuito) para cineastas y estudiantes de Cine y Comunicación.

La Entrada general es de $20. ABONOS para 3 funciones $50 (en venta en Librería Buchín, Videoteca de calle Entre Ríos 1772, o en el Cine El Cairo).

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Mentira la verdad

La última edición del BAFICI tuvo al cine argentino como protagonista casi exclusivo. Se habló más de la Competencia Argentina y de las películas argentinas en la Competencia Internacional que de cualquier otra cosa. En ese marco, Mauro obtuvo el segundo premio en importancia y se transformó en una auténtica revelación.

Y quizás “autenticidad” sea una palabra clave para definir el trabajo de Hernán Roselli en la dirección. Sin la mirada condescendiente de cierto cine festivalero que a veces se obsesiona con los personajes marginales, el director debutante muestra un conurbano bonaerense que conoce bien. Más allá de las posibles referencias, como Bresson (que resulta excesiva y tiene que ver una temática similar a El dinero, de 1983), hay una mirada propia que describe sin adornos. Mauro está narrada con la habilidad suficiente para potenciar sus atractivos y esconder sus limitaciones. El procedimiento de montaje que recorta las escenas otorga urgencia y veracidad y, de paso, limita la exposición de los no-actores, en particular del protagonista, el Mauro del título, cuya vida se ha acercado mucho a la del personaje, un “pasador”, alguien que compra en ferias cosas que no necesita para cambiar billetes falsos. Con eso se arregla, pero quiere algo más, y junto a su amigo Luis instala un precario taller para hacer billetes por su cuenta. Esa apuesta de riesgo lo llevará a enfrentar a los dueños de ese negocio, y a sus propias limitaciones.

Mauro se mueve en un mundo muy definido, de una precariedad y una urgencia que remite a la Argentina post-2001, pero el comentario social queda en segundo plano, el centro está en los personajes, tratados con toda la ternura posible y alejados de cualquier estereotipo de héroe o villano. Cada uno hace lo que puede. Y los mayores aciertos del film están en encontrar pequeños espacios de intimidad que hacen que la historia respire. Mauro se mueve en un mundo de falsificadores retratado de una manera muy genuina.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

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Desde el 2 de Abril en este espacio toda la cobertura de la nueva edición del BAFICI. Cobertura que se complementará con notas diarias en el Suplemento Escenario del Diario La Capital y salidas en Red TL, FM 105.5, y AM 1330.

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Perros de la calle

Pasó el BAFICI y una de las películas más comentadas de las 473 que fueron exhibidas fue la obra número 30 de Raúl Perrone. Una película notable en más de un sentido, tanto porque se distingue entre lo mejor que se pudo ver en el festival como por su manera de llamar la atención con sus procedimientos formales, que hacen que no se parezca a ninguna de las películas anteriores del director y a la vez se parezca a la suma de todas.

P3ND3JO5, así como está escrito, es en palabras del propio Perrone “una cumbiópera en tres actos y una coda para ver de corrido. De caras / miradas / deseo / amor / drama / tragedia / disparos / imagen cruda en ByN – 4:3”. Parece exagerado, desmedido, ambicioso. Es todo eso y mucho más.

Perrone ha sabido construir toda su filmografía con una notable consistencia. Entre sus marcas de estilo más relevantes se pueden mencionar la naturalidad de los diálogos y la concisión para reducir cada propuesta a lo más elemental. Dos rasgos que se anima a dejar absolutamente de lado en este caso. Lo que queda, lo que encuentra, más allá de seguir siendo absolutamente coherente con sus trabajos previos, es muy interesante.

Una película limbo, con un pie en el pasado y otro en el futuro. Personajes que deambulan y se muestran como fantasmas atemporales. Las precisas coordenadas del conurbano bonaerense que se desdibujan en un viaje hipnótico que cruza el viejo cine de Dreyer con el nuevo de Sylvain George y la ópera con la cumbia electrónica, como si fuera lo más natural de mundo. Y desde ese espacio impreciso interroga al espectador en lugar de ofrecer respuestas. Más que una película para ver es una película que nos mira.

Por Fernando Herrera

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El BAFICI que acaba de terminar brindó una retrospectiva de la obra completa de Adolfo Aristarain. El director estuvo presente en las funciones, y era habitual encontrarlo en la sala o en los pasillos al final de cada proyección conversando con el público. Fue un placer ver sus películas en pantalla grande. Pero lo más destacado fue la exhibición de una copia restaurada de “Últimos días de la víctima”, una obra fundamental para el cine argentino que fue ignorada en su momento. El propio Aristarain cuenta por qué:

– La película se estrenó y una semana después empezó la guerra de Malvinas, así que no tuvo la repercusión que esperábamos. Nadie iba al cine, ni nosotros.

– ¿Cómo fue el proceso de escritura con José Pablo Feinmann?

– Fue todo muy sencillo, trabajamos con el mismo mecanismo con el que trabajo siempre. Con José escribíamos algo cada uno y después nos juntábamos, revisábamos todo y seguíamos. Fue muy sencillo y muy placentero. No fue el caso de un novelista que quiere conservar a toda costa cosas de su novela. Cambiamos mucho.

– ¿Pero una vez en el rodaje te ajustás mucho a lo escrito?

– Desde el vamos lo que tenés es una intención. No está todo claro pero sí la estructura que te da el guión. Después durante el rodaje generalmente se modifican cosas, pero que no afectan esa estructura. La misma puesta en escena te cambia alguna cosa. Me manejo con los actores y doy por buena una escena cuando me creí lo que estaban haciendo. Te la estás jugando en cada plano porque es tu sensación y a veces la podés pifiar. La mejor manera de equivocarse es tener muy presente las reglas del género y tratar de seguirlas. Es complicado, uno se maneja por instinto pero sabe que no es cien por ciento instinto por estar condicionado por la formación.

– Hay una clara influencia de Hitchcock en la película.

– Es una relación que arranca de mucho antes, a Hitchcock y seguramente a otros directores los copio, los imito, pero por suerte no soy consciente de lo que hago, así que todas esas influencias seguramente están ahí. Y en la música, que es de Emilio Kauderer,  también se nota la influencia de Bernard Hermann, el músico de Hitchcock, que es insoslayable al momento en que hacés música para un policial, es un tipo que está muy presente porque ha hecho una música maravillosa.

– Pero además creo que incide mucho que haya sido un gran lector de novelas negras, todo eso te va formando.

– ¿Cómo trabajaste el montaje?

 – El ritmo lo vas dando cuando vas marcando el corte, pero el único preconcepto es ponerte en el lugar del espectador, y que el corte tenga ritmo musical. El montaje tiene mucho que ver con la música. Hay planos, no sé muy bien cómo explicarlo, en los que marcás el corte porque sentís que el plano se murió. Pero es pura visión e intuición de que ese es el montaje, no podés seguir ningún patrón.

Era una época difícil para filmar. Y la película tiene algunos momentos que sirven claramente como comentarios de lo que se estaba viviendo, incluso en un plano se lo ve a Luppi estacionando, en pleno centro de Buenos Aires, junto a un cartel que dice “Zona militar”. ¿Cómo fue la relación con el poder político?

–  No hubo problemas con la junta militar, curiosamente. Sí con la censura, pero sabíamos que estábamos obligados a llevar la copia a la censura y que íbamos a tener problemas con eso. Por el plano de Luppi que estaciona al lado del cartel no dijeron absolutamente nada. Con la censura uno iba preparado porque sabía que ponían el acento más en todo lo que fuera erótico que en otra cosa, pero políticamente no hubo ninguna objeción. Todo lo que está dicho entre líneas (hay por ejemplo una alusión a que está terminando la hora de los fierros), como no se decía claramente no generó problemas. En todas las escenas eróticas tenías que sentarte en la moviola con el censor y el tipo te marcaba. Yo a propósito lo que hacía (y ya lo venía haciendo desde “La parte del león”) era dejar muchísimo más largas las secuencias eróticas, tres veces lo que pensaba que tenían que durar, entonces los tipos se quedaban encantados con que se redujera esa duración a la tercera parte. A veces la versión mía era más corta de lo que me marcaban. El censor estaba tan contento con lo amables que fuimos que hasta llegó un punto antes de terminar de ver todo en que dijo que ya nos podíamos ir. Nos fuimos corriendo como chicos, contentos porque por suerte no llegaron a verla entera.

– ¿Está prevista una salida en DVD de la película?

– En un momento se iba a hacer, cuando salió toda una serie de películas de Aries y esta la dejaron afuera, lamentablemente. No sé si es rentable, no tengo la menor idea, y no depende de mí, ya que las películas no son mías, depende de los productores. Las películas en las que yo era la parte productora se han editado todas. Ha habido algunos problemas para restaurar las copias. Por ejemplo de “Tiempo de revancha” nunca se encontró uno de los rollos, el tercer acto, de 10 minutos. Algún día va a aparecer. Ahora hay un poco más de respeto por conservar los negativos pero en aquel tiempo no lo había.

– ¿Cómo ves la película ahora, después 30 años?

– De lo poco que he visto creo que hay un ritmo sostenido que se aguanta muy bien. Lo que he hecho con el tiempo es ir eliminando la música de mis películas. Ya no uso ese recurso. Desde “Martín Hache”que no le pongo música a mis películas. La única música es la que está escuchando algún personaje dentro de la escena. Ahora la música me parece un comentario o un subrayado del autor que molesta, son convenciones que en las últimas películas traté de romper, y creo que funcionaron bien así.

– De todas maneras, no vuelvo a ver las películas una vez que están hechas, y evito analizarlas. Yo no me quedo ni en el estreno. Montándolas las ves más o menos unas cien veces, así que nunca las disfruto estando con público, estoy más pendiente de las reacciones de la gente que de la película. Y además sabés que lo que para lo que se te ocurra ya es tarde. La película ya está hecha y no tiene arreglo.

Por Fernando Herrera

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Los gritos del silencio

Gilderoy, un prestigioso ingeniero de sonido interpretado a la perfección por Toby Jones, es invitado a trabajar en un estudio italiano para la grabación y mezcla de los efectos sonoros de una película de la que no conoce prácticamente nada. Un halo de misterio envuelve al lugar y a los personajes que lo habitan. Una vez allí trata de hacer lo que mejor sabe, pese a la burocracia kafkiana y al enrarecimiento lyncheano que se encargan de a poco de erosionar la realidad.

Berberian sound studio es un atractivo canto de amor al diseño sonoro en el cine, lleno de guiños al “Giallo”, ese subgénero de cine de suspenso italiano que tuvo su era de gloria en los setenta. Peter Strickland acierta al dotar de una forma estilizada y un clima claustrofóbico a una trama cuyos pliegues recurren al tema del doble, el mítico doppelgänger, para borronear los límites entre la realidad de Gilderoy y la ficción que contribuye a gestar.

A fuerza de encanto y cinefilia, obtuvo el premio a la mejor película en la Competencia Internacional del BAFICI 2013. Un Giallo que se impone en el festival más Argento.

Por Fernando Herrera

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Confieso que he pescado

Puede ser un ejercicio interesante comparar el océano virtual, bello y perfecto de Una aventura extraodinaria, Life of Pi con el real, oscuro y caótico de este documental sobre un buque de pesca que prescinde de toda intención narrativa clásica para generar un efecto inmersivo (metafórico y literal). Una cámara que parece poder situarse en cualquier lado y, sobre todo, un notable trabajo sonoro, contribuyen a generar ese clima a la vez enrarecido y palpable.

La película, que se presenta en la Competencia Vanguardia y Género del BAFICI 2013, viene de ganar en Locarno y Ficunam. Con tantos pergaminos ha despertado amores y odios. Puede ser que esté algo sobrevaluada, pero no deja de ser una experiencia muy interesante.

Por Fernando Herrera

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BAFICI

Comienza hoy la edición número 15 del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, que promete confirmaciones y novedades. Desde mañana, toda la cobertura en este blog.

 

Tourneé (2010)

Show must go on

Hay que celebrar, esa es la consigna, así que celebremos la llegada tardía de este film de Mathieu Almaric, mucho más conocido como actor que como director, que pudo verse en el BAFICI 2011 y se centra en la llegada, (también tardía) de un grupo de strippers norteamericanas a Francia, para formar parte de un espectáculo conocido como “New Burlesque”, organizado (es una manera de decir) por un productor caótico, querible y chantún compuesto por el propio director. Mujeres reales, de carne (mucha carne) y hueso, cuyos excesos de años o kilos no les impiden ser encantadoras y que son el motor de está película vital, excéntrica y por momentos saludablemente caótica que combina con maestría ficción y realidad (las protagonistas realmente se dedican a su oficio, y lo hacen muy bien). Entre ellas Mimí Le Meaux resulta toda una revelación ya que sostiene con su extraordinaria actuación los mejores momentos de la película y está a la altura de un notable actor como Almaric.

En el medio de todo ese desenfreno queda espacio para meterse con temas como el lugar que ocupa hoy el arte, el erotismo y el cuerpo femenino.

Sin ser perfecta (ni pretenderlo) Toruneé recupera algo del espíritu festivo, burlón y salvaje del cine de Cassavettes. Habrá que celebrarlo. 

Por Fernando Herrera

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Mal bicho

Jerónimo, joven urbano  al borde de un ataque de nervios, es llevado por su cansado padre a pasar un fin de semana en las sierras, a unas cabañas alejadas de todo, en un ambiente tan aparentemente saludable que bordea lo mágico y misterioso para el atribulado protagonista (el siempre eficaz Martín Piroyansky, ganador del premio al mejor actor en el último BAFICI por esta película). La única persona con la que se cruzan (la bella Aylin Salas) refuerza esa idea de irrealidad.

Lo que podría ser una cura para la ansiedad y un reencuentro padre-hijo se transforma en una pesadilla cuando Jerónimo es picado por una araña sobre la que pesa una leyenda en la zona, se dice que su picadura es mortal. Lo que sigue es un viaje a pie por terrenos inciertos para encontrar un improbable antídoto, en compañía de un guía que carga con sus propios demonios internos (un intenso Jorge Sesán).

Gabriel Medina, cuya anterior película fue la notable “Los paranoicos” sabe como imprimir su sello autoral saltando de un género a otro. En su primer trabajo apuntó a la comedia romántica y en este se pasa de drama a comedia, suspenso, terror y hasta road movie, con una saludable apuesta por el riesgo. El problema es que la suma de las partes no termina nunca de cuajar y una premisa original se transforma en un híbrido cargado de aciertos parciales.

Por Fernando Herrera

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