Estas palabras intentan ser una respuesta a la nota publicada este domingo pasado en el Diario La Capital (medio al que este mismo blog pertenece), firmada por Lucía Demarchi.

video, con cámara nueva

En dicha nota se expresa un dato duro y real, el ya habitual cierre de videoclubes en la ciudad, pero este punto de partida incuestionable da lugar a una serie de datos incorrectos y opiniones carentes de sustento. Un panorama ya de por sí preocupante se distorsiona con una desinformación que limita por completo el análisis.

Por ejemplo, al describir la decadencia de las editoras se remata la idea con la supuesta noticia de la salida de sólo cuatro títulos en Marzo, ninguno importante. Pero la realidad marca que sólo en DVD hay quince estrenos en el mes, entre ellos “Sinsajo Parte 2”, “Macbeth”, “Un gran dinosaurio” y “Escalofríos”, por nombrar sólo los más conocidos. Los comercios del rubro hacen un esfuerzo importante para adquirir todos estos títulos y complementarlos con Blu Ray o DVD clásicos que se siguen reeditando a pesar de todo.

Todos los males de los videoclubes se circunscriben, según la misma nota, al “avance de internet”, dicho así, en general, sin mayores precisiones. Más allá de que hay otras muchas causas a tener en cuenta, como el costo excesivo de un DVD legal, en el mencionado (y demonizado) avance tecnológico se pueden distinguir distintas variables que afectan a la actividad de los videoclubes de maneras diversas.

Por un lado hay que señalar el auge de sistemas válidos para ver cine online, como Netflix, que simplifican el acceso a determinadas películas pero que aún no cuentan con la variedad que un videoclub puede ofrecer. Por otro lado, la descarga de películas sin pagar derechos, pecado del que probablemente nadie esté exento. Todo esto sin duda afecta a los videoclubes, pero no de manera uniforme. La competencia de la piratería impacta en los estrenos masivos mientras que los sistemas como Netflix compiten con ventaja en Series y películas infantiles y quedan relegados en otros rubros. Es una realidad que hace bastante tiempo llegó para quedarse y cualquier propietario de videoclub debería tenerla en cuenta.

Para sobrevivir habrá que aceptar el lugar que le toca a cada uno y poner el foco en puntos fuertes, como el trato personalizado y el contacto con el soporte físico, que siguen siendo irreemplazables. Habrá que reforzar la parte de club más que la de video para que nada se pierda y todo se transforme.

La frutilla del postre de la nota de La Capital está en su párrafo inicial, en donde se cita a una película inexistente, basada en una recordada publicidad anti-piratería de la era del VHS, “El marajá de San Telmo”. Se la menciona hasta con fecha y nombre del director. Los datos probablemente hayan sido sacados de un blog que reseña en broma películas que nunca existieron. Un chiste involuntario que desnuda falta de rigor para chequear información. Pero la realidad de los videoclubes no es ningún chiste, ni se resuelve con análisis livianos. Sin la rentabilidad de tiempos idos, muchos aún resisten como fuente de cultura y entretenimiento.

Por Fernando Herrera