nymphomaniac

La sonrisa vertical

Joe es una pecadora impecable. Su historial de relaciones peligrosas incluye más vínculos que una reseña de este blog. Se sabe y reconoce distinta desde muy temprana edad. Nada de pubis angelical.

Lars y la chica real. Las películas de Von Trier (al igual que Joe) tienen mucho para entregar. Combinan por igual capricho y desafío, regodeo en la abyección con atípica inquietud artística. También pueden ser vistas como una galería de provocaciones, baratas y caras. Pero no se suele salir indemne de ellas.

Vale la pena entonces elaborar un análisis más profundo de lo que propone el director danés en este caso. Esta reseña oficia como borrador de ese análisis.

Se podría empezar por la sinopsis. Filmaffinity nos dice lo siguiente:

Historia de una ninfómana contada por ella misma. Una fría noche invernal, un viejo solterón (Stellan Skarsgard) encuentra en un callejón a una joven (Charlotte Gainsbourg) herida y casi inconsciente. Después de recogerla (Sic) y cuidarla, siente curiosidad por saber cómo pudo haber llegado esa mujer a semejante situación; escucha atentamente el relato que ella hace de su vida, una vida llena de conflictos y turbias relaciones.

Sexo oral. La experiencia sexual mediatizada por el relato que Joe hace de su vida a Seligman es el centro de la película. Un juego de gato y ratón (ratoneado) brillantemente ejecutado por Gainsbourg y Skarsgard. Von Trier sabe como dirigirlos y exigirlos al máximo. El recurso del relato reinterpretado enfría y distancia. El realizador de Anticristo se pone anti-erótico.

Tanto los protagonistas como los secundarios brillan en sus papeles, en especial los intérpretes más conocidos, con fugaces apariciones que los desencasillan. La excepción quizás sea Stacy Martin, que en su rol de joven Joe pone el cuerpo pero queda lejos de la complejidad que Gainsbourg le da al personaje maduro. La calculada manipulación del director alcanza a los espectadores. El tipo sabe como incomodar, y como tensar cualquier situación. Incluso juega a referirse a sí mismo en una escena que imita a otra de Anticristo (película ante la cual ésta, y cualquier otra, terminan siendo light).  Parece que Von Trier no puede dejar de pensar en él mismo, y usa al personaje de Seligman como un alter ego. Probablemente sea demasiado ego.

Aún con sus desniveles, con sus metáforas forzadas y sus golpes bajos, Von Trier sigue su marcha forzada a contramano y propone algo absolutamente distinto a todo.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

Una noticia para romper el hielo

Anuncios