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La nueva película de Hermes Paralluelo, No todo es Vigilia, será parte de la Competencia Internacional del Festival de Mar del Plata. Su elogiado trabajo anterior, Yatasto, compitió en el BAFICI 2011, y en esa oportunidad tuve la oportunidad  de entrevistarlo (en lo que fue mi debut como periodista cubriendo festivales). La nota fue originalmente publicada en Espacio Cine, al momento del estreno comercial de la película. Y es reproducida ahora en este blog.

Hermes Paralluelo nació en Barcelona (España) en 1981. Se licenció como director de fotografía en el Centro de Estudios Cinematográficos de Cataluña. Luego de mudarse a Argentina, en 2006, coordinó un taller de cine documental en Tilcara. Yatasto (2011), su ópera prima, nos lleva a un barrio de la periferia de la ciudad de Córdoba, donde tres chicos son aprendices de ese oficio que se conoce como carrero. Los viajes en carro son la columna vertebral de esta película que ganó tres premios en la última edición del BAFICI, incluyendo el correspondiente a la mejor película argentina de la competencia internacional. Esta semana se estrenó en el cine Gaumont, de Buenos Aires.

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Yatasto es una película con un centro muy definido. Contame cómo fue el proceso de desarrollo y si llevó mucho tiempo.
– El proceso, desde el principio hasta el final, ha sido de tres años. El inicio fue en el mismo momento en que llegué a Córdoba. Vi que había muchos carros en la ciudad y me llamaba bastante la atención cómo funcionaban, sobre todo cómo se relacionaba la gente de los carros que circulaban por el centro con el resto de la gente. Veía que había una distancia muy fuerte a nivel comunicativo. Prácticamente era gente que venía como de otro universo, desconocido para mí, con el que no había, en principio, vinculación posible. Y eran familias, era sobre todo una cuestión familiar, padres con hijos… Con eso ya me dieron ganas de hacer algo y surgió la idea de un encuadre. Pensé qué pasaría si ponía la cámara arriba del carro, retratando frontalmente a las personas que van arriba, cómo se vería el mundo desde ahí.
– ¿Cómo conociste a los protagonistas?
– A partir de este proceso que te contaba pensé cómo llegar a un barrio en donde la gente viviera de esto. Llegué a una cooperativa de cartoneros y la gente que la llevaba adelante era más o menos toda de una misma familia (la familia que sale en la película). Yatasto existe porque ellos existen. Creo que está compuesta por almas, de alguna manera el alma de la película está compuesta por las almas de esta familia.
– Si bien es algo real también tenía que ser verosímil. Es muy difícil lograrlo con actores y me imagino que debe haber sido más difícil aún con no-actores. ¿Hasta qué punto seguiste pautas y cuánto hubo de improvisado?
– Yo no tenía idea de para dónde iba a ir la película. La verdad, nos movíamos en aguas así como pantanosas(risas)… No había algo así como un lugar sólido por donde pisar y un horizonte claro hacia dónde ir. Nos impulsaba, al principio, la fascinación por retratar a estos seres humanos. Y a los tres meses comenzaron a pasar cosas. Revisando uno de los planos que habíamos filmado me empecé a dar cuenta qué es lo que yo estaba haciendo ahí, para dónde iba lo que estábamos haciendo. Tenía que ver con el carro y con la ausencia de paternidad. Cómo los chicos en el carro encontraban esa paternidad en diferentes personas con las que se iban relacionando. Cada uno de ellos era circunstancialmente su padre pero, a su vez, ninguno lo era. A partir de ese punto de inflexión, a los tres meses de rodaje, fuimos abandonando el deambular del principio, aunque tampoco armamos la película con una estructura tan definida. Nunca me planteé qué cosas de guión tenían que ir pasando. Cuando llegué al montaje y vi que tenía todas esas imágenes todavía me preguntaba si tenía una película, de verdad no lo sabía.

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– Imagino que en algunas secuencias, sobre todo en interiores, tenían que pasar ciertas cosas que hicieran avanzar la trama.
– El trabajo consistía, más que nada, en poner en común ciertas cosas que había visto y oído, vincularlas con las personas y tener fe en que se produzca algo. A veces lo encontrábamos a través de la repetición.
– La película logra un equilibrio que la vuelve simple a primera vista, pero por su temática eran muchas las trampas en las que se podría haber caído, desde golpes bajos hasta denuncias muy explícitas. Es difícil mantener ese equilibrio y lograr que ese mundo que se retrata sirva, finalmente, a un historia con contenido cinematográfico.
– Quería retratar este mundo invisibilizado, esta enorme tarea diaria de reciclado (que representa más o menos el 10% de toda la recolección de residuos de la ciudad) en un ángulo que podría restituir el valor que tienen ellos en la sociedad. Un valor silencioso. Pensaba que, quizás, ese punto de vista, esa mirada desde el carro podría ordenar ese desajuste social, volviendo visible ese mundo.


Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

Publicado en Espacio Cine en Febrero 2012

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