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– Contanos cómo llegaste a ser parte de estos Relatos salvajes

– Amablemente Damián me dio a elegir entre dos historias, y entonces tuvimos un pequeño escarceo en el que intercambiamos opiniones y finalmente nos decidimos por la historia que terminé haciendo. Cuando vos leés un guión que está tan bien escrito, en donde sentís que no hay una palabra puesta “para ver si funciona y sino después la cambiamos” la primera sensación que tenés es contundente, sobre todo si, como me toca a mí desde hace un tiempo, tengo acceso a distintos tipos de guiones, y no es lo más frecuente que te pase de leer algo que es inapelable. Muchas veces te pasa que una historia está muy buena, y lo que dice es importante pero en donde hay tres o cuatro escenas que merecerían ser afinadas. Decís “esta todo bueno pero habría que trabajarlo un poco más”. Combinar, no solo intelectualmente sino emocionalmente, con lo que otro quiere contar, y con la forma en que lo quiere contar, no es fácil. Te puede pasar también que estás de acuerdo con lo que dice el guión pero a la hora de la realización encontrás algunos aspectos que no son muy coincidentes con lo que en el papel está reflejado, entonces también ahí entra una zona de dilatación, parece un parto (risas). Pero hablando en serio, cuando el aporte de los actores necesariamente pasa a formar parte del estilo de lo que se quiere contar, corrés el altísimo riesgo de que cada uno de los aportes esté tirando para su lado del eje central, que es contar esa historia. En este caso eso no pasa.

– Se nota mucha admiración por Szifrón

– Sin lugar a dudas, pero lo que no puedo creer es que tenga 38 años, parece un tipo que tiene un bagaje emocional y una mirada que tiene mucho kilometraje andado, que ha pasado por caídas y resurgimientos que te dan los golpes de la vida, en fin, a mí me llama la atención, es más, yo creo que miente (risas).


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– Decías que había dos historias posibles en las que podías participar.

– Yo no disponía de mucho tiempo, tenía dos proyectos por delante que me obstaculizaban un poco el espacio, y me pareció que en el caso del cuento en el que me metí finalmente, tenía más posibilidades de realizar ese que otro, pero además por cuestiones personales muy íntimas, porque yo tuve por lo menos cuatro o cinco incidentes, uno de bastante gravedad y otros menores, pero que siempre me dejaron un sabor de garganta atragantada, y cuando lo leí, sentí como una válvula de escape. Me llegó la oportunidad de contar cuál es la indignación que se siente cuando no sos escuchado. Creo que la llave es esa, no escuchar a un tipo que reclama una atención particular frente a un hecho concreto. Todos recuerdan cuáles son nuestras obligaciones, nadie nos habla de nuestros derechos, sería un buen ejercicio periodístico que todas las semanas, en alguna publicación, alguien nos recuerde nuestros derechos.

– Debo confesar que hace dos meses me pasó lo mismo que a tu personaje, en Buenos Aires, la grúa me llevó el auto, aunque reaccioné con un poco más de diplomacia, pero bueno, el punto es que vivir la misma situación sirve para constatar lo verosímil que es la película en cada detalle. Recién hablaba con Damián de la importancia del orden de las historias, mencionando que en los tres primeros relatos el pasaje a la acción es más inmediato, y en los dos últimos hay mayor elaboración. En el medio, está el tuyo, en donde el personaje en lugar de reaccionar de inmediato parece que implota antes de explotar, y funciona como un pasaje a las últimas historias.

– Buena observación. Por eso él ubicó ese relato exactamente en el medio y su explicación fue más o menos esa, es una historia medio bisagra. Pasa como decís vos, de la reacción inmediata de las anteriores a una cosa un poco más por acumulación, más pensada, más sufrida si se quiere, porque la inmediatez no te da mucho lugar al razonamiento pero tenés la opción de reaccionar en forma animal, y salvaje. Cuando nuestra cabeza está al servicio de la elaboración de un pensamiento como reacción, ahí es donde nos ponemos más oscuros. Porque en realidad lo otro está hasta tipificado en los delitos como emoción violenta, que es un bálsamo a la hora de una condena. Cuando lo podés razonar estás entrando a una zona más heavy.

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– La película juega a ver qué pasa cuando se llevan las cosas al límite

– En mi caso personal, las pocas veces que reaccioné en forma violenta y ví lo que hacía no me gustó nada, no estoy para nada orgulloso y ni siquiera tuve la compensación de la descarga, siempre me lo cuestioné. Creo que nosotros somos como un péndulo, con un punto que nos humaniza y nos pone amables y otro que nos sumerge en un extremo desagradable, entonces me parece que el trabajo es tratar de no perder el control, de no salir de tu eje. Es difícil, porque estamos rodeados de atentados permanentes, recibimos cargas por todos lados, y uno se defiende todo el tiempo. Iba a decir que eso pasa en las grandes ciudades pero creo que también ocurre en los lugares más apartados. Yo creo que el trabajo es no olvidarse de quien es uno y no responder fácilmente a la agresión. Yo siempre trato de ponerme en el lugar del otro, cuando puedo. Cuando no puedo termino puteándome con otro tipo que no conozco, que no sé lo que le pasa ni lo que quiere de mí, entonces ahí me siento más estúpido todavía. Yo creo que lo que tiene de bueno la película en ese sentido es que por exageración, por empujar las líneas y mostrarnos cómo se puede ir un poquitito más allá, empujándote de la cornisa para el abismo, te muestra que podés hacer para evitarlo, te estimula a reflexionar, y en ese sentido me adelanto un poco porque sé que la película va a ser polémica, estoy seguro, tiene aspectos y condiciones como para que lo sea, lo que en términos artísticos está bien pero en términos sociales no sé, puede aparecer cualquier descolgado diciendo cualquier cosa. Los invito a que no se olviden que el ejercicio final es la reflexión, no la apología.

– Es inusual que en una película con historias que no se conectan desde la trama se perciba esa unidad.

– Yo quería acompañar a esta película y a este libro porque me pareció valioso desde todo punto de vista, porque es muy nutritivo, sobre todo para los que van a hacer una ópera prima. El gran problema del “operaprimista” es que tiene 75 historias en la cabeza y las tiene que sintetizar en una, y vos decís “me quisiste hablar de tantas cosas que al final no me terminaste hablando de ninguna”. Entonces creo que esto es un muy buen ejemplo, saber que se puede contar, en una misma película, varias historias, abre como un camino, que por supuesto dependerá de las posibilidades de realización y demás, para tener varias ideas y meterlas todas en una. En ese sentido Relatos salvajes va a ser una ventana por la que va a entrar el sol.

Conversación del actor con periodistas de radio en el marco de la presentación de Relatos salvajes en Rosario, el día 23 de Julio del 2014

Por Fernando Herrera

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