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El pecado original

Varias cosas nacen con esta película de Griffith. Este primer tanque de Hollywood inaugura oficialmente el lenguaje del cine (hasta aquí se trataba más que nada de teatro filmado) a fuerza de novedosas técnicas de montaje. Pero lo irónico es que al inventar el cine también inventa el racismo en el cine: la historia, por más extraño que suene cien años después, defiende abiertamente al Ku Klux Klan y pone a los negros (interpretados por actores blancos pintados) como villanos.  Hay que ver para creer.

En términos narrativos es interesante comparar cualquier escena de esta película con algún clásico reciente para constatar que casi nada ha cambiado en las formas de contar. Un ejemplo, aquel momento en el que los blancos héroes se refugian en una cabaña rodeada de enemigos se construye de la misma forma que cualquier pasaje de “El señor de los anillos” en el que los protagonistas se ven acosados por orcos, a punto de morir hasta que algo los salva a último momento.

Griffith se autoproclamó padre del cine moderno. Si bien algunas técnicas narrativas que se le atribuyen ya estaban presentes en trabajos anteriores (por ejemplo, el montaje paralelo en la ya reseñada “Asalto y robo al tren”, de 1903) es en esta película en donde se puede apreciar la conjunción de todos los recursos que se siguen utilizando hoy en día, integrados en un proyecto único y extremadamente ambicioso de tres horas que podía conducir al éxito o al fracaso absoluto.

El éxito fue absoluto. Los poderosos estudios de cine no existían aún y las ganancias extraordinarias quedaron todas para el autor, que gastó una buena parte en su siguiente proyecto. “Intolerancia”, su verdadera obra maestra, redobló la apuesta, y sirvió en parte para lavar un poco la imagen en extremo retrógrada que ofrecía “El nacimiento de una nación”. Ya nos referiremos a ella en una próxima entrega. Por ahora es el momento de seguir con esta oda al sur perdido y su visión entre ingenua y reaccionaria. Un nacimiento cargado de contradicciones, una manera fascinante de constatar cuanto cambió y cuanto no a la hora de hacer una película. Tan abyecta como imprescindible para contextualizar una mirada de principios de siglo XX.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

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