Searchin-for-sugar-man

Balada de un hombre común

Quien sabe que hubiera sido si hubiera podido ser.  En 1970, un ignoto albañil de Detroit que compone como Dylan llega a grabar dos discazos que nadie escucha. Nadie de su tiempo y de su lugar. Pero por causas y azares de un destino que no entraría en ningún guión de ficción por retorcido (ni siquiera uno de los Coen), sus temas llegan a la Sudáfrica del Apartheid y las copias truchas de sus discos venden más que el mismísimo Elvis, transformándolo en nada menos que el artista más popular de ese país, y, de paso, en un ícono de resistencia frente a la opresión de un sistema injusto para toda una generación que creció con su música.

Pero claro, él nunca llega a enterarse.

Searching for Sugar Man juega con gusto el as en la manga de esa historia extraordinaria, y se reserva más sorpresas en el camino.  Malik Bendjelloul, el director sueco que ganó un Oscar por esta película, muestra sabiduría para administrar la información sobre ese desconocido que siguió con su vida de albañil y del que después ya no se supo nada más que su poco marketinero nombre, Sixto Rodriguez. Y lo hace desde el punto de vista de los fans sudafricanos que crecieron con sus temas y que quieren saber que fue de su vida, o por lo menos como murió, porque sobran las versiones y lo que parecía el final de la historia se transforma en el principio.

Pocas veces se ha visto un documental con semejantes vueltas de tuerca.

Como si fuera un eslabón más en la cadena de ocultamientos, la película no se estrenó en cine en Argentina, ni está disponible oficialmente en DVD, a pesar del Oscar y del consecuente éxito que la llevó a triunfar en varios países. Este jueves a la noche, por fin, una función especial de Lets Dance se ocupará de esclarecer este misterio.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

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