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Tres es multitud – Comentando lo nuevo de Wes Anderson

Antes de seguir con el BAFICI, una breve y desordenada mención a una de las grandes películas del año, que quedó algo opacada por el inicio del Festival porteño y las urgencias de ir a cubrirlo.

Tres integrantes del Staff de Mirar y Ver dan su primera (buena) impresión de esta belleza, son apuntes para notas futuras.

Martín Fraire – El gran hotel Budapest comienza con una lectora en busca del admirado autor literario. Y se deconstruye -desde allí- hacia libro en movimiento, con travellings que van constantemente de izquierda a derecha; tal y como leemos en occidente. Guarda muchos homenajes al cine, pero también a su primigenio: la palabra escrita. Anderson vuelve a jugar con la imagen y el sonido de manera hipnótica. Todavía está la oportunidad de disfrutarlo, afortunadamente, en pantalla grande. Porque al cine hay que verlo en el cine. Más aún cuando está hecho con tanto amor.

Emanuel Donati – Anderson, aborda en esta comedia, inconfundible por su simetría estética, un tema que históricamente ha sido eje de grandes dramas, a saber, la herencia.

Si bien este film nos deja perplejos por los recursos técnicos en la constitución de la imagen, sugiero no perder de vista la riqueza simbólica con que cuenta el director a la hora de desarrollar el entramado literario.

Anderson plantea historias espiraladas, En la escena última encontramos un cierre respecto la escena primera.

Aborda, decía, el tema de la herencia y abre a interrogar ¿Qué se hereda? Se despliega toda la problemática de una herencia constituida en bienes, de mayor o menor valor comercial y emocional. Pero el punto nodal de esta comedia esta dado por la herencia de la palabra.

Herencia que se acerca tanto más a la trasmisión, y en tanto tal siempre es fallida. En este trunco intento de trasmisión es donde Wes Anderson ubica el humor y busca enfrentarnos con lo más bizarro de la humanidad.

El gran hotel Budapest representa la riqueza que adquiere algo al ser significado por las palabras. De este modo se puede pensar que la joven que abre y cierra este film escenifica la paradoja de que, aún muertos los cuerpos, las palabras hacen marcas que perdurarán de por vida. El cementerio es la institución que da lugar al ritual, como práctica constitutiva de la humanidad.

Fernando Herrera – El gran Hotel Budapest, es un juguete perfecto, un artefacto que a partir del artificio genera emociones genuinas.

 

 

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