act of killing

Estrellas de la muerte

En The Pervert´s guide to cinema Slavoj Zizek se refiere a la dimensión de lo obsceno citando como ejemplo una escena de la segunda parte de Iván el terrible, el clásico de Sergei Eiseinstein de 1958. La escena a la que hace referencia el filósofo esloveno es aquella en la que la coronación de Ivan se transforma en una suerte de comedia musical, con sus sicarios bailando y cantando alegremente. El terror se codea con la risa y se acerca al humor grotesco, justo como en una pesadilla.

The act of Killing, de Joshua Oppenheimer es la crónica de esa pesadilla que aún sigue vigente en Indonesia, y latente y agazapada en muchos otros lugares del mundo. El terrorismo de estado ha triunfado y quienes se ocuparon del trabajo sucio son considerados héroes, verdaderas estrellas pop que se pasean por los programas de televisión relatando sus hazañas de veteranos de guerra.

La mejor manera de acercarse a lo que esto implica es imaginar una Argentina en donde el llamado Proceso de reorganización nacional sigue más vigente que nunca y la gente como Astiz o Scillingo puede contar sus experiencias en el programa de Susana Giménez. Pero quizás lo más saludable sea no acercarse tanto, mantener cierta distancia para que la experiencia sea soportable.

Aún en ese contexto sumamente favorable hay remordimientos. El nudo de la película pasa por tratar se asomarse a lo que pasa por las cabezas de estos protagonistas que deambulan por una realidad que los aplaude. Pero una cosa es la realidad y otra cosa es lo real, que  sigue quedando lejos, y en los ocasionales momentos en los que se hace presente se vuelve casi imposible de asimilar.

Pancasila es el nombre de la organización paramilitar responsable del asesinato de cientos de miles de presuntos comunistas en la década del 60. Como ha pasado suficiente tiempo, es hora de preservar su legado para nuevas generaciones. Está claro que la historia la escriben los que ganan.

El documental se propone en principio como vehículo para recuperar ese relato y para ello se vale de múltiples medios, desde el testimonio directo hasta las recreaciones de las supuestas hazañas, que hollywoodizan la memoria hasta puntos impensables, sirviéndose de todos los géneros, incluyendo la comedia musical. Y lo hace usando a favor la absoluta confianza de quienes no tienen nada que ocultar, todo lo contrario, y en el mejor de los casos evalúan algunos de sus actos como males necesarios.

Ver que es lo que ocurre en una sociedad en donde esas son las reglas del juego resulta tan fascinante como revulsivo. Pero el notable trabajo de Oppenheimer va más allá, encuentra siempre el tono exacto para acercarse a sus protagonistas hasta límites impensables y una vez allí develar los dilemas que los acosan a pesar de todo. En esas hendijas existenciales encuentra su extraordinario valor agregado. Esos pliegues y repliegues de conciencia son el verdadero viaje al corazón de las tinieblas.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

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