Elysium-satélite

La guerra de los mundos

Corre el año 2154. En Los Angeles, el tercer mundo finalmente ha llegado al primero. Pero el primero se ha ido a otro mundo. Los latinos siguen viviendo en el planeta, que se ha transformado en una colosal villa miseria. La clase pudiente vive en la confortable estación espacial, suerte de country futurista, que da nombre a la película. Muy cerca, a 19 minutos de distancia en cualquier nave de transporte. Los habitantes de la Tierra que no están desempleados trabajan en fábricas que por supuesto abastecen a ese otro mundo donde todo, hasta la salud, está resuelto. Un punto de partida interesante y vigente aunque ya se venga proponiendo desde 1927 con Metrópolis. Y más en manos de Neill Blomkamp, quien con Sector 9 (2009) logró innovar en un género tan transitado y proclive al refrito (si, estoy pensando en Oblivion) como la ciencia-ficción.

Una vez más el director sudafricano se mete con una historia del futuro que resuena en el presente. Si en Sector 9 el tema era el apartheid aquí es la inmigración ilegal. La metáfora es bastante obvia y los subrayados están a la orden del día, pero las inquietudes y la vitalidad en la puesta en escena hacen que valga la pena seguir un argumento casi tan precario como el estado de esa Los Angeles en donde vive Max (Matt Damon, ideal para componer con nobleza a un clásico personaje ordinario envuelto en circunstancias extraordinarias). Una ciudad inhóspita y superpoblada, habitada por una multitud de manos desnudas que solo puede generar contraconductas.

Del otro lado, Elysium, el shoping disco zen, donde todo es abrumadoramente perfecto. Y si esos mundos no se tocan es gracias a la fría intervención de la Secretaria Delacourt (Jodie Foster, en un papel que parece hecho a la medida de Tilda Swinton), experta en vigilar y castigar, representante del ala más dura del poder, suerte de Donald Rumsfeld del mañana, un halcón entre palomas que tiene a quien encargarle cualquier trabajo sucio en la Tierra. Para eso no hay nada mejor que Kruger (un siempre exaltado e impredecible Sharlto Copley).

Los vaivenes de la trama harán que estos personajes se enfrenten y la magia del cine se ocupará de que ese orden establecido tambalee. Donde hay poder hay resistencia.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

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