Tulitikkutehtaan tyttö

Gracias por el fuego

La películas de Aki Kaurismaki son proezas mayúsculas contadas en minúsculas. Sólo él, con su tierna crueldad, es capaz de generar ese cercano distanciamiento, tan verificable en cada una de sus trágicas comedias. Y si todo esto resulta demasiado oximorónico basta con ver cualquier momento de cualquier film del director finlandés para comprenderlo.

Iris trabaja en una fábrica de fósforos, y con ello mantiene a sus padres, que de todas formas la tratan con desprecio. Apenas encuentra algún consuelo para su rutina tomando alguna copa en un bar o comprándose un vestido. Su soledad es inmensa y su afán de pareja parece jugarle en contra. Casi nadie la valora.

Pero uno es lo que hace con lo que hicieron de uno, y en un extraordinario pasaje que jamás se subraya enciende un fósforo para empezar a fumar y deja atrás una vida de sumisión para activar lo que probablemente considera su misión.

La película, parte del ciclo de Cine en La Terraza de Viamonte 671, dialoga con otra de de Jean Renoir (que atinadamente fue exhibida antes), una adaptación hecha en 1928 del cuento de Hans Christian Andersen “La vendedora de fósforos”. Tanto en el cuento como en la fiel adaptación de Renoir el encender un fósforo es el mecanismo para activar un espacio de fantasía que sirva de consuelo para olvidar la cruel realidad de la protagonista. Pero Kaurismaki invierte la fórmula y en su historia ese momento implica lo contrario para Iris, pasar a concretar las fantasías de venganza por tanto destrato.

Si lo logra o no habrá que verlo, pero a esa altura la chica de la fábrica de fósforos ya ha pasado a formar parte de la galería de personajes inolvidables del director finlandés, personajes que suelen mantenerse callados, pero que tienen mucho para decir.

Por Fernando Herrera

Más información sobre la película en IMDB

Sobre el mediometraje de Jean Renoir

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