A los premios

El repaso por los títulos que forman parte de la Competencia Internacional nos lleva a revisar la primera y la última de las películas exhibidas.

El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo es una road movie sobre un viejo asesino español con una enfermedad terminal que emprende un último viaje por una Argentina polvorienta y deshilachada. Fue la película que abrió el Festival y cuenta con el humor distante característico del director de Lo que se de Lola. Su sistema narrativo de voz en off omnipresente remite inevitablemente a Historias Extraordinarias, de Mariano Llinás, aunque aquí el efecto no está tan bien logrado como en esa película. Algunos la ven como candidata a algún premio importante.

Beyond the hills, de Cristian Mungiu, es a la vez una seria candidata y una candidata seria. Confirma el talento del director, ganador de la Plama de Oro Cannes hace unos años, pero también se torna árida con sus dos horas y media de duración. Si Domestic, la otra representante rumana, considerada “menor”, respiraba liviandad en sus diálogos rápidos aquí la seriedad del tratamiento de los grandes temas abordados pueden jugarle en contra. De todas maneras está entre las preferidas de la crítica. El cine rumano sin duda goza de buena salud.

Será cuestión entonces de esperar lo que decida el Jurado, compuesto, entre otros por el ya mencionado Peter Medak, el mítico camarógrafo de Herzog Thomas Mauch y el director francés Betrand Bonello. Justamente de él pude ver en una retrospectiva una película que formó parte de la competencia el año pasado, L´Apollonide, que tiene un punto de partida que la conecta con Pretty Baby, pero que toma vuelo propio y resultó ser uno de los grandes descubrimientos personales de esta edición. En esas muestras paralelas es en donde realmente respira un festival.

 por  Fernando Herrera

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