Fallas de Origen

Tan grandilocuente y ambiciosa como era de esperar, la última película de Christopher Nolan (uno de esos directores que solo sabe filmar en mayúsculas) ahonda las debilidades de su anterior trabajo, El Origen, sumando subtramas a una historia más intrincada que compleja, sobreexplicandolo todo y traicionando por momentos su propio estilo con un par de resoluciones torpes. Apenas se puede rescatar el trabajo de Ann Hataway como una gatúbela que parece ser el único personaje capaz de adaptarse a las circunstancias, y la tensión bien lograda de algunas secuencias como la incial en el avión o la del estadio, tensión que se disuelve y reaparece esporádicamente a lo largo de las casi tres horas de este supuesto final de la saga. Nolan es un laborioso arquitecto al que le resulta cada vez más difícil poblar sus obras con personajes tan ricos e impredecibles como el Guasón de Heath Ledger, que aquí brilla más que nunca por su ausencia.

Por Fernando Herrera

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