Lo verosímil y lo verdadero

Curiosa tarea ésta de comentar medio film en lugar de uno entero, y que esa disección se deba a motivos estrictamente comerciales, y que esas dos mitades de película configuren una muy frontal denuncia contra el sistema de producción capitalista.

La acción comienza allí donde terminaba Diarios de motocicleta (2005, Walter Salles), con Guevara (aquí Benicio del Toro, también productor, marcando el tono rigurosamente fiel a la figura que interpreta) en México y su primer encuentro con Fidel Castro (Demián Bichir, en una imitación que se roba la película).

Lo que sigue es una serie de situaciones que ilustran la gesta revolucionaria, desde la llegada a Cuba hasta la toma de Santa Clara, con una asombrosa obsesión por la neutralidad y algunos toques de elemental didáctica. Resulta saludable, de todas maneras, que haya espacio para reveladores tiempos muertos (las biopics suelen caer en la tentación de que todo lo que ocurre es importante). También aportan mucha densidad y tensión las imágenes en blanco y negro que muestran el discurso de Guevara en la ONU.

Queda abierto el debate sobre el lugar que ocupa la figura del Che y por qué ya no le resulta incómodo a Hollywood. Quizás ayude que se trate de un blanco universitario de clase alta quien, con un par de retoques de imagen, puede mutar de rabioso anti-imperialista a la actual y desdibujada idea rebelde way que ilustra tantas remeras. El mérito de la película radica en intentar desmarcarse de esa liviandad, y el hecho de que haya sido realizada por un director consagrado por la industria le aporta una fascinante contradicción, que quizá sea su verdadero motivo de interés.

Pero a no confundirse, detrás sigue girando una incansable maquinaria que no se detendrá hasta la victoria en la taquilla, siempre.

Por Fernando Herrera

(publicado originalmente en Espacio Cine en el año 2009)

Más información sobre la película en IMDB

Anuncios