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Esa estrella era mi lujo

Poca importa el escaso parecido entre la protagonista y la inmensa figura que se pretende retratar, ya que Michelle Williams interpreta con todo el cuerpo y va más allá de la mera imitación. Tampoco es relevante que se rescate el rodaje de la película “El príncipe y la corista”, de 1957, dirigida y protagonizada nada menos que por Laurence Olivier (genial Kenneth Branagh) ya que se trató de un film anticuado e intrascendente. El núcleo del relato es la puesta en escena de una recurrente fantasía masculina, aquí contada como si se hubiera concretado. Un joven asistente de dirección tiene la oportunidad de intimar con la mayor diva que ha dado el cine, en una suerte de cenicienta a la inversa (fórmula que ya se había probado con éxito en Notting Hill), lo que redunda en una fábula tan previsible como encantadora.

Por Fernando Herrera

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