No tan cariñoso

Tiene un solo chiste, pero funciona. Un osito de peluche cobra vida por el deseo de un niño y lo idílico y naif de la premisa muy pronto se transforma en un una montaña rusa de sarcasmo al ver que casi 30 años después ambos se han transformado en en un par de adultos sumamente irresponsables, lo que que genera carcajadas como pocas veces se ha escuchado en el cine, por lo menos en los últimos tiempos.

Si bien la primer película no animada de Seth Mc Farlane tiene un punto de partida que recuerda a Los Muppets o Toy Story, su apuesta por combinar un humor físico efectivo (gran escena la de la pelea) con una catarata de referencias la termina acercando a las series animadas de su creador, en particular a Padre de familia, con la que comparte tanto el ritmo y la eficacia de los chistes como el vicio televisivo de sus efímeras citas a personajes de la actualidad, que se suma a la nostalgia por el espíritu clase b de algunas películas de los 80 (en particular el excesivo, divertido y enfermizo apego por Flash Gordon).

La incorrección que ya no escandaliza a nadie la conecta a su vez con “El dictador”, con la que comparte un falso sentido de la transgresión y un final convencional que debilita la propuesta. Una tenue apuesta por explorar géneros, pasando de la comedia a la acción, el terror y en mucha menor medida el drama no termina nunca de explotarse y queda como un amague que tiene más de gesto que de verdadera experimentación. Cambiar algo para que nada cambie y todo siga su curso circular y vicioso. Tiene un solo chiste. Pero funciona.

Por Fernando Herrera

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